Ausente la dueña de casa y terminando las labores del hogar, sus sirvientas Clara y Solange se preparan para iniciar la ceremonia que acostumbran a interpretar cuando se quedan solas en casa: un juego en el que ambas criadas planean la muerte de su patrona. En Domésticas, las empleadas intercambian sus papeles creando representaciones escandalosas que denotan sus pasiones escondidas: repugnancia ante la jerarquía, amor y odio ante el poder. El sonido del despertador las obliga a abandonar su teatro, y mientras las hermanas ubican todo en su lugar para evitar sospechas de la elaboración de este juego, Clara confiesa a Solange su gran labor: la falsificación de cartas que inculpan al patrón de robos y estafas que lo condenan a prisión.