La historia comienza en un momento de fragilidad absoluta: una madre logra, tras mucho esfuerzo, dormir a su bebé de siete meses mientras cuida el sueño de su hijo de tres años. En esa tensa calma doméstica, el padre de los niños le confiesa su deseo de abrir la relación, un punto de quiebre que, meses más tarde, deriva en la separación definitiva. Es el inicio de un proceso de reconstrucción personal donde lo cotidiano se vuelve el escenario de una transformación profunda.
Carrera de fondo se presenta como la caja negra de esa ruptura, un espacio para intentar recoger los fragmentos que quedaron dispersos tras el impacto. La obra no solo se detiene en el dolor de la distancia, sino que busca entender qué piezas conformaban ese hogar antes de que todo se rompiera. Es un ejercicio de memoria y honestidad que explora la naturaleza de los vínculos y la identidad que se construye en torno a la crianza y la vida compartida.
A través de una narrativa sensible y humana, la pieza nos invita a reflexionar sobre el amor que persiste, incluso cuando ya no es suficiente para sostener una estructura. Es una invitación a mirar de cerca las marcas que dejan las despedidas y a reconocer la fortaleza necesaria para seguir adelante, transformando el final de una etapa en una oportunidad para comprender qué es lo que realmente permanece a pesar del tiempo y las ausencias.